La Ermita

El Convenio

Dios nos hizo a todos y cada uno de nosotros para que Ellos pudieran compartir la alegría y la felicidad de su vida y amor con nosotros, a quienes hicieron como a sí mismos. Todo el mundo es capaz de una Unión maravillosa con ellos, una Unión que comparte su amor cariñoso continuamente. Porque Dios es amor, y nosotros, junto con toda la creación, fuimos concebidos en el amor.

Todo crecimiento humano es un proceso de desarrollo en el amor -un proceso hacia la realización del uno mismo en amor-hacia la iluminación en amor -hacia la unidad completa en amor con uno mismo, un Dios, otros y toda la creación.  Todos somos llamados, y todos tenemos el potencial de recibir esta gloria.

Porque los efectos del pecado, que es el continuo conflicto del bien y del mal dentro de nosotros, bloquean el amor, nuestro logro de esta completa madurez en el amor se hizo posible cuando el Padre y Sofia, el Espíritu Santo, enviaron a su único hijo para redimirnos, para re-empoderarnos con Su Espíritu de amor. A través de la vida de Jesús, la resurrección y la ascensión también aprendimos cuán valorados somos como seres humanos, hechos de cuerpo y espíritu.

Debemos convertirnos, como él, en una unidad glorificada de cuerpo, alma y espíritu. El espíritu es superior, pero se une amorosamente con el cuerpo y lo ama al igual que el Hijo se unió con la carne y lo ama como a sí mismo. Es el amor el que convence al cuerpo y al alma que el permitir que nuestros deseos de control mueran es el camino glorioso a la vida resucitada, el cumplimiento de todos los deseos.

El vivir y el disfrute de los frutos de la vida resucitada son una experiencia constante en nuestro cuerpo, alma y espíritu, en esta vida, así como en la siguiente, donde Sofia glorificará con la vida resucitada, también, todo el resto de la creación. Es el vivir ahora de esta vida resucitada la que nos ha atraído a La Ermita. El amor es el poder, la energía, la comida que nos da la capacidad de vivir la vida resucitada, la capacidad de dejar a lado gradualmente nuestros deseos esclavizantes que nos retienen. Sólo el amor es necesario, y ese amor es Sofia, el Espíritu Santo. Todo lo demás fluye desde esta fuente.

Viviendo en medio de la sociedad, estamos obligados por el amor a trabajar duro en permitir que nos llenemos de amor para poder unirnos a los otros santos para alimentar al mundo con amor. Todos tienen derecho a recibir los frutos de una vida tan resucitada, que se dan libremente, para que aquellos, que absorban estos beneficios, puedan formar y vivir en comunidades de amor en el mundo. En consecuencia, La Ermita estará abierta a todos los que están buscando, o están en el camino de la unidad total en el amor, y que necesitan ser renovados de vez en cuando por un ambiente pacífico y amoroso.

Que nuestro Padre celestial, la Madre Sofía y el Hermano Jesús sean glorificados por ser conocidos y experimentados como un Dios de amor a través de nuestras vidas. Que la Madre Sofía nos consuma como Ella está consumiendo miles de otros santos que viven en nuestro mundo de hoy. En verdad, Ellos han hecho todas las cosas bien. Para Ellos sean la alabanza y gloria para siempre. Amen

(original: 20 de octubre de 1994; revisado el 24 de septiembre de 1999)

 

 

 

La Ermita

La Declaración de Su Misión

La ermita comenzó formalmente el 27 de diciembre de 1994 cuando su fundador re-dedicó su vida a Sofia, el Espíritu Santo, ante el Abad del monasterio de nuestra Señora del Espíritu Santo, algunos miembros y amigos. Se le conoce como un ermitaño en el mercado, un hombre que desea integrar bien la vida de la oración contemplativa con la vida cotidiana en un mundo de trabajo y problemas.

La ermita se dedica a proclamar a la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, como el divino femenino de la divinidad, igual al Padre y al Hijo. Ella es la Esposa del Padre y la Madre del Hijo, así como la Madre Divina del hombre Jesús. Para que sea aceptada más plenamente como una persona de la Trinidad, Ella desea ser conocida como Sofia. La ermita también se dedica a ayudar a todos a experimentar una relación personal e íntima con cada una de las personas de la Santísima Trinidad, el Padre, la Madre Sofía y el Hermano Jesús.

Sofia es el regalo más preciada de nuestro Padre celestial que nos envió a través de Jesús en Pentecostés. El deseo apasionado de Ella es llenar a todos nosotros con su amor divino y con sus dones. Somos su familia. A través de su amor, nuestros corazones quebrados son sanados. Por su amor nos convertimos en uno con nuestro Dios, hermanos, hermanas y nosotros mismos. Con sus dones bendecimos y sanamos a otros para que ellos también puedan llegar a ser uno con Ellos y con nosotros. El amor es el primer y más importante Don que necesitamos. En cierto sentido, es el único Don que necesitamos.

Este amor es el resultado de experiencias de oración contemplativas. Esta forma de oración nos trae la unidad en cuerpo, alma y espíritu.  En consecuencia, La Ermita también se dedica a mostrar a todo el mundo cómo dejar abierta la puerta a esta forma de oración en el corazón.

Cuando experimentamos el amor personal divino y el poder que fluye a través de sus dones, sentimos el deseo de compartirlo con nuestros hermanos y hermanas. Un verdadero amante de las personas divinas no puede sino compartir con los demás todo lo que tiene. Este es el alcance espiritual/social que es esencial para la verdadera auto-integración de un niño amoroso de Madre Sofia.

Hay varias formas en las que uno participa en y con La Ermita. Pueden vivir en la casa maternal de la comunidad, o en su propia casa o apartamento. Pueden ser solteros, casados, separados, divorciados o viudos, hombres o mujeres, jóvenes o viejos. No hay reglas. Sólo hay amor. Sólo existe el deseo de experimentar ese amor que fluye de cada persona de la Trinidad. Sólo hay un deseo de continuar esa experiencia a través de la oración contemplativa y el compartir de ese amor con los demás.

  (Escrito septiembre de 2004)