El Espíritu Santo,
Sofía y María


 
La vida es un proceso constante de desarrollo físico, emocional, mental y espiritual.  Lo que está conocido hoy no es igual a lo que estará conocido mañana.  Las relaciones personales de hoy no van a ser iguales a las de mañana.  Estamos constantemente en un estado de cambios, de llegar a ser, ojalá lleguemos a ser lo máximo que podemos, como seres humanos, integrados, iluminados y resucitados, hijos y hijas del Padre Celestial.

Cuando fuimos niños, nuestras relaciones, nuestros conocimientos de otros, fueron limitados a los de nuestros padres de familia.  Al crecer las relaciones se ampliaron, incluyendo los compañeros del curso y la vecindad.  Pero, durante la adolescencia algo maravilloso nos sucedió.  Llegamos a ser conscientes de que algunos de los amigos no fueron simplemente amigos.  Por lo menos uno o una de ellos llegó a ser conocido en una forma completamente diferente y nuevo.  Se amplió nuestro mundo.  Llegamos a ser capaces a ver el mundo interior del otro.  Y no solamente eso, pero, y lo que fue más maravilloso, estuvimos capaces de estar adentro de ese mundo interior del otro.  Estábamos enamorados.

Pasando los años crecíamos en el conocimiento y entendimiento de la persona amada profundamente.  Aprendíamos como entender y conocer cada esquina de su personalidad, y por eso, cuando alcanzábamos los años ancianos de la vida podríamos decir,  "Si, el querido fue básicamente lo mismo todavía como fue en el primer encuentro, pero, el presente conocimiento y entendimiento del querido es mucho más profundo."  La vida es un desarrollo constante en el conocimiento hasta el fondo de sí mismo y de la otra persona.

Este proceso de desarrollo puede también ser dicho en la vida espiritual, en nuestra relación con el Padre, Jesús o el Espíritu Santo.  Comencemos a conocerlo, a experimentar su presencia, la presencia de Ellos.  Pero, pasando el tiempo, Jesús llega a ser muy prominentemente la parte principal del conocimiento de Ellos.  Jesús como nuestro salvador, nuestro redentor, nuestro Señor.  Jesús en la eucaristía.  Jesús en la oración, en la contemplación.  El centro de nuestra relación con Ellos está enfocado en Jesús mientras llegamos a conocerlo, entenderlo, amarlo, adorarlo y seguirlo bien.

Nos dijo Jesús en los evangelios que él nos dirigirá a su Padre.  Y por eso, cuando la relación con Jesús está bien establecida, asegurada y vinculada con el amor y la dedicación, pues, nos presenta a su Padre, nuestro Padre Celestial.  Después la presentación, retraía Jesús, y el Padre llega a ser nuestra atracción completa.  Crecemos en el conocimiento, amor y sabiduría del  Padre.  Estamos encantados estar en su presencia.  Nos gusta experimentar su providencia divina, su protección, su paternidad.  Que persona tan poderosa, segura, gentil, humana y cariñosa.  Esta relación íntima durará hasta que está bien establecida otra vez, como una relación permanente, construida firmemente sobre una fundación dura.

Puede tener muchos altibajos, el empezar y el parar, la ansiedad y la paz durante las primeras dos etapas de desarrollo con referencia a nuestro conocimiento y entendimiento de Jesús y el Padre.  Habrá mucha sanación dentro de nosotros, sanaciones de relaciones personales, especialmente, los pertenecientes al padre, al hermano o simplemente al hombre en general.  Pero, cuando el momento está listo, nuestro Padre nos presentará al Espíritu Santo.

Todos nosotros tenemos imagines vividas de Jesús y el Padre.  Jesús es un hombre, nuestro Señor y Redentor.  Nuestro Padre Celestial es un padre.  Pero, ¿El Espíritu Santo?  Nuestra imagen de Él es la de una paloma.  ¿Cómo podemos relacionarnos con una paloma?  Una paloma es un animal, no es una persona.  Además, el Espíritu Santo es un espíritu, y ¿cómo nos relacionamos a un espíritu?

Durante el desarrollo de las dos primeras relaciones el Espíritu Santo estaba siempre en el fondo, y referíamos a tal relación con el Espíritu Santo como "estar en el Espíritu."  Pues, pareció eso a sugerir que el Espíritu Santo fue más como un poder, que una persona, más como una fuerza invisible, que una persona visible, algo que fue experimentado, sentido, en vez de alguien visto.  Entonces, ¿quien es el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad?

Despacio, muy despaciadamente, durante el desarrollo de esta nueva relación, nos damos cuenta que el Espíritu Santo no es él, sino ella.   ¡Que sorpresa!   ¿Cómo es posible? De veras, el nombre Espíritu Santo es masculino y no solamente en español.  Entonces, ¿cómo es posible que Él podría ser Ella?  Sí, conocemos que en Ellos debe ser masculinidad y feminidad, pero hemos guardado indeterminadamente esa imagen dentro de la naturaleza de Ellos, y nunca le hemos relacionado como bisexual, porque un espíritu no es sexual.  Pero, ¿está relacionada la masculinidad y la feminidad a la sexualidad solamente?  Parece que no.  Todo esto es más profundo que la sexualidad humana, que es verdaderamente un símbolo a una realidad más profunda.

Es bastante probable que Jesús nunca refirió al Espíritu como femenino, pero el Espíritu está referido como femenino en el Testamento Antiguo.  Sabiduría en el Testamento Antiguo es un nombre para el Espíritu del Padre y el Hijo, y éste nombre es femenino.  En verdad, si observamos el uso del nombre Sabiduría en el Testamento Antiguo notaremos que ésta persona tiene todas las características de ser femenina, el dar a luz, el nutrir, el crear, el hacer de madre para con toda la creación del Padre.

Cuando llegamos al momento de entender esto, podemos comenzar de comprender que somos realmente hechos a la imagen y a la semejanza de Ellos.  Ellos en sí llevan la masculinidad y la feminidad, son esposo y esposa, y Ellos tienen un Hijo.  Son una familia.  Pues, recuerde, todavía, ésta es una imagen, un símbolo de algo mucho más profundo en sí.

No podemos permitirnos ser parados en los símbolos en el comienzo, porque cada uno de nosotros podemos todavía tener guardado dentro de nuestras almas los mismos símbolos cargados con nuestras sombras y heridas todavía no aceptadas, las relaciones abusivas no sanadas que necesitan más sanación, especialmente en otras áreas.  Faltando la sanación tales símbolos son capaces de paralizarnos espiritualmente.

Entonces, si la Sabiduría de Ellos es la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, podemos darle otro nombre que va a personalizarla frente a nosotros, como el nombre Sofía, lo cual es también sabiduría, pero en griego.  Sofía es un nombre femenino en nuestra cultura, y nombrándola así podrá ser para nosotros una añadidura cultural.  Podemos relacionarnos con Sofía, alguien con quien podemos llegar a conocer y amar, alguien que podemos experimentar y conocer que la experiencia es de Sofía, en vez del Hijo o del Padre.  El Espíritu Santo no es mas una paloma, no es más un espíritu, sino, ha llegado a ser en nuestro entendimiento, una persona con características humanas que podemos imaginar y experimentar.  Características humanas.  A parte de las características de dar a luz y nutrir, ¿hay otras?  Creo que sí.

Me parece a mí que María, la Madre de Jesús, es la imagen visible de Sofía en forma similar a la que Jesús es la imagen visible de la Segunda Persona de la Trinidad.  La relación no es exactamente igual, pero tiene sus similitudes.  El Hijo tomó carne a sí mismo y esa unión se llama Jesús.  Adentro de esta unión de la Segunda Persona y el hombre hay solamente una Persona, que es el Hijo, pero hay dos naturalezas, la divina y la humana.

María, por razón de su Inmaculada Concepción, ha llegado a ser íntimamente unida con Sofía, el Espíritu Santo.  Pues, aunque en ésta encarnación tenemos dos personas y dos naturalezas, ésta unión de Sofía con María fue tan perfecta, tan vinculada que María y Sofía llegaron a ser inseparables.  Son unidas en el amor y las funciones.  Están dando a luz y nutriendo.  Llevan las dos los mismos títulos dentro de la Iglesia.  Ambas están consideradas dando a luz a la Iglesia y nutriéndola.

Nos enseña la Escritura que vivimos dentro de la época de Sofía, y la Iglesia nos dice que vivimos dentro de la época de María. Las dos enseñanzas tienen la verdad, porque son iguales.  Las dos están preparando y trabajando fuerte en la preparación a los hijos del Padre, sus hijos, para la llegada de su Hijo, el Hijo de las dos.  Las dos están presentes en el mundo de hoy, y especialmente María, que parece que está manifestándose en todo el mundo con frecuencia nunca conocida por la historia de la Iglesia, y ella es la presencia visible de Sofía hablando al mundo entero.

Ahora pues, hablando del misterio de la Encarnación, ¿cómo fue la concepción de Jesús, por la inseminación artificial, o no?  ¡De ninguna manera!  La inseminación artificial es una relación impersonal.  Nuestro Padre no es impersonal.  Es una persona amable, que siempre nos relaciona bien como persona.  Entonces, el momento de la concepción tenía que ser un abrazo matrimonial bien cariñoso por Él.  Por el Padre Celestial.

Desde que el Hijo, que María concibió, fue Divino y humano, Sofía tenía que cubrir con su sombra a María, tenía que unirse con María en una forma tan íntima, que cuando el Padre le abrazó a María con un abrazo amoroso y matrimonial Él estaba también abrazando a su querida Esposa, Sofía, el Espíritu Santo.  El Hijo concebido, por eso, a través de tal abrazo tan estático fue capaz de ser ambos, Divino y humano.  Éste momento tan precioso unió a Sofía y María juntos en una forma bien misteriosa, pues más grande que la unión de ellas en el momento de la Inmaculada Concepción de María.

¡Que misterio tan admirable!  Son una y todavía son dos, dos personas individuales.  María, en un modo tan misterioso, ha llegado a ser parte de la Trinidad.  Ella es la Reina del Cielo, pero ella comparte esa dignidad de reina con Sofía que es LA Reina del Cielo.  María es la imagen visible de ese reinado.  María es la imagen visible de la maternidad de Dios que reside en Sofía.  María es la imagen visible de la importancia del estado de mujer en la naturaleza divina y en toda la creación, aún la Iglesia.  Están ellas verdaderamente el poder atrás del trono.  Sin ellas no habría un trono.

Esta última etapa del desarrollo espiritual en nuestra relación con el Padre, Jesús y Sofía es muy importante para el mundo de hoy.  Para desarrollarnos en nuestras relaciones con los hombres y las mujeres en este mundo y dentro de la Iglesia, necesitamos ver, conocer y experimentar como se relacionan el Padre, Jesús, y Sofía uno con el otro.  ¿Cómo corre el amor entre Ellos, creando tanto armonía y unidad entre sí?

Mientras estamos creciendo en este proceso de la relación con Ellos es necesario también que crezcamos en nuestras relaciones humanas.  Eso significa que por cada paso la sanación debe estar presente en nosotros.  Sanación que traiga armonía y la paz, primero entre nosotros mismos, y después, dentro de nuestras relaciones con otras personas.

Por ser hombre, Jesús inconscientemente para nosotros representará a los hombres abusivos en nuestras vidas.  No la persona actual de Jesús, sino la imagen de su masculinidad que va a despertar los temores en nuestros corazones heridos, corazones que fueron abusados por cualquier hombre en nuestras vidas, especialmente los esposos abusivos de mujeres.  Estas emergidas heridas están inconscientemente causando obstáculos a nuestra relación con Jesús, un obstáculo a caminar más en el desarrollo de amor é intimidad.  La sanación es necesaria, entonces, antes que una relación más profunda puede desarrollarse con Jesús.

Del mismo modo, nuestra relación con el Padre Celestial también debe sanar la relación que tenemos con nuestros padres humanos, que posiblemente fueron abusivos por una forma u otra.  Hay muchos de nosotros en el mundo que hemos sufrido de padres abusivos.  Tal heridas, sean inconscientes, otra vez son capaces de poner obstáculos a nuestro acercamiento al Padre como padre, por lo menos hasta que las heridas causadas por los padres abusivos en nuestras vidas sean sanadas.

Finalmente, nuestra relación con Sofía y con María llevará también sanación a una mujer que falta posiblemente identidad como mujer, como persona, como madre, y como persona sexual, y a los que han sufrido de una madre abusiva, esposa o amiga, haciéndolos incapacitados a relacionarse cariñosamente con Sofía y María, como también a los que han estado abusados en nuestras vidas.

No es fácil a confrontar las sombras y las heridas dentro de nosotros mismos, y por supuesto, muchos de nosotros inconscientemente mantengamos una relación con Ellos bien alejados de nosotros sin darnos cuenta él porque.  Si todavía entramos a una relación personal con una de las personas en Ellos, tal relación podría ser también lejos.

El temor es nuestro obstáculo.  El temor de intimidad es nuestro obstáculo, porque ya hemos sufrido tanto abuso en las relaciones íntimas, sean de los padres de familia, los esposos, parejas o simplemente amigos.  Por eso, nuestras defensas de autoprotección quedan fuertes, aún contra Ellos.

Está presente el temor que, más o menos, pone impotente nuestra vida espiritual, y la vida de la Iglesia también.  El temor llega a ser dominante en nuestras vidas más que el amor.  Fidelidad y obediencia están acentuadas más que el abandonamiento en el amor.   Sí, el mundo de hoy necesita fidelidad y obediencia, pero se necesita más el amor, un amor que no tiene temor de sí mismo, y de los demás.  Sin ser primero el amor, la fidelidad y la obediencia nos pone fríos y bruscos en las relaciones.

Dostoyevsky en su novela, Los Hermanos Karamazov, lo escribió bien cuando dijo,

"No tengas miedo del pecado humano.  Amas a la persona aún con su pecado,
porque así es la semejanza del Amor Divino, y así es el amor más grande en
la tierra.
Amas toda la creación de Dios, toda, y cada grano de arena de ella.  Amas cada hoja, cada rayo de luz de Dios.  Amas los animales, amas las plantas, amas cada cosa que
existe.
Si amas todo, vas a percibir el misterio divino en cada cosa.  Al momento de
percibirlo, vas a comenzar a comprenderlo mejor cada día.  Y por fin, vas a
amar todo el mundo con un amor que enfoca todo compasivamente."
 

Así es la meta del proceso de desarrollo en nuestra relación con el Padre, Jesús, y Sofía.  Vamos a permitirle que ocurra este proceso dentro de nosotros. ¡Déjalo pasar!  Vamos a conocer y experimentar el poder del amor corriendo del Padre, Jesús y Sofía para que el mundo llegue a ser lleno con amor otra vez como estaba en el principio.
 

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